Sunday, March 12, 2006

¿Hay límites en el corazón?

¿Hasta qué extremo se puede difamar, inventar rumores, insultar, vejar, humillar, mentir impunemente?

En los últimos tiempos hemos podido ver como han ido cambiando los límites de la prensa rosa. ¿Hasta dónde llegan los límites? ¿Quién los establece? Si una persona vende parte de su vida en una exclusiva, ¿tiene esa persona a partir de entonces derecho a su intimidad sobre esa parte de su vida? Los límites no sólo son establecidos por los gustos de la gente, sino también por los famosos que comercializan con temas que antes no se habían puesto a la venta. Según Joan Ramon Mainat, productor ejecutivo de Crónicas marcianas (ya desaparecido), “el límite lo marca la ley, pero el problema es que la ley no es siempre lo suficientemente clara”. Hoy en día se ha frivolizado la ley, es decir, le han quitado toda la seriedad que tenía antes, utilizan las querellas igual que en un juego, como si los juzgados no tuviesen nada más que hacer que meterse en peleas infantiles, que además sirven para alimentar sus bolsillos en programas tipo Salsa Rosa o ¿Dónde estás, corazón?, a donde van más tarde para “informar” de lo ocurrido. Así obligan a los juzgados a prescindir de recursos para temas más importantes.

Esta falta de límites ha provocado la abundancia de programas de prensa de rosa calificados por lo general de “telebasura”, pero ahora nos encontramos ante la siguiente cuestión: ¿qué fue antes, la gallina o el huevo? Es decir, ¿hay telebasura porque a la gente le gusta? O ¿a la gente le gusta porque es lo que hay? Sobre esto hay diferentes puntos de vista. Por ejemplo, Mainat asegura que nadie obliga a nadie a ver un canal, cualquier persona es libre de cambiar de canal o simplemente apagar la televisión, puesto que ver un programa o la televisión en general es un derecho y no un deber, puedes optar por verla o no. En contraste, tenemos la opinión de Mariola Cubells, autora del libro ¡Mírame, tonto!, que versa sobre el género de la telebasura. Dicha autora defiende que esos programas están diseñados de forma que utilizan los instintos primarios del espectador para atraer su atención.

En cualquier caso no se puede utilizar con seguridad el término “telebasura”, ya que es un concepto que no está totalmente definido. Es posible que lo que una persona entienda por telebasura no coincida con la idea que tenga otra persona del mismo término.

Desde nuestro punto de vista, existe una línea muy fina entre el derecho a la intimidad y la libertad de prensa, con lo cual en muchos casos se sobrepasa por no estar delimitada. En cuanto a la telebasura, no tenemos claro el inicio de su existencia. No sabemos si la gente lo ve porque realmente le gusta o porque no hay muchas más opciones para elegir. Lo que si tenemos claro, es que este formato existe porque se consume, es más, presenta un alto índice de audiencia. Las cadenas de televisión prefieren tener un programa de baja calidad y mucha audiencia, a un buen programa sin espectadores. Se atienen a la ley de la oferta y la demanda, emiten lo que vende, no algo que les haga perder dinero.

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